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RAZÓN Y LOCURA EN LA SOCIEDAD DIFUMINADA por Diego Civilotti - 2007
La sociedad: tantas cosas se han dicho sobre ella... que una más no le hará daño. Ni siquiera sabemos qué es -a que se refiere-; pero sí sabemos que es y cuán útil nos es su concepto, cuando los hechos rebasan los límites de lo imaginable ("qué mal está la sociedad", "la sociedad enferma", etc.). Ahora no lo hacen porque los límites se han marchado, o los hemos matado; como le ocurría a Nietzsche con Dios, cuando ponía en voz de un loco, en un aforismo de "la gaya ciencia", el advenimiento del mayor acontecimiento de la historia (de la metafísica, que también es histórica). ¿Es la locura -no la falta de razón, que no tiene interés alguno -la que nos ha de anunciar, de forma intempestiva, hechos para los que nuestra percepción es impotente, incapaz, obtusa?
En la sociedad occidental se da por supuesta una clara frontera entre razón y locura y lo más significativo es que no se piensan las consecuencias -aunque algunos lo han hecho muy bien, sobretodo en la tradición francesa, pensadores como Michel Foucault-. Cuando digo "no se piensan" me refiero a la colectividad, para llamarlos de forma respetuosa o el rebaño, como –en ocasiones –justamente los llamaba Nietzsche.
¿Qué nos queda pues, de la aclamada frase de Goya "el sueño de la razón produce monstruos"? ¿pero no éramos post-modernos? (algo más interesante, más preciso, más fuerte que la modernidad...).
En esa frase era precisamente la razón -la razón ilustrada, normativa, la razón de Kant- la que soñaba monstruos. Después algunos, acertadamente verán que no hay luz -identificada con razón -sin sombra -identificada con locura y estudiarán tanto el discurso de "la sombra" como el de "la luz".
De todas formas, un teórico de la historia que la concebía como un "proceso que conduce hacia la luz" era Robespierre, el genial inventor del terrorismo de Estado -algo que tan buenos resultados ha dado (y sigue dando)-.
Precisamente el Estado, algo abstracto y material a la vez, pero que sin ninguna duda "es" (vaya si es), es el lugar privilegiado de la locura. Nuestras formas de colectividad -todas -están construidas sobre la razón porque tendemos, con gran peligro para la estrategia económica-organizadora, a enloquecer.
Incluso nuestro cuerpo, nuestra primer experiencia de "ser" y aquello segundo que percibimos (después del cuerpo de la alteridad), ya no sabemos qué significa y nadie nos puede sacar de este desamparo. Insertados, arrojados (¡que bien lo expresó Sartre! -aunque él se refería a la existencia en un sentido amplio-) en una sociedad difuminada. En la que llamamos, orgullosos, "la sociedad del futuro" tal vez con razón, puesto que ella es la que produce más sujetos sin historia de los que puede digerir.
Efectivamente, las relaciones sociales que podemos observar y experimentar no hacen otra cosa que poner de relieve un aspecto de nuestro desmembramiento como seres humanos, como seres desmembrados en su dimensión física y espiritual. Para ilustrarlo valga la imagen del poema de Artaud; "el cuerpo nunca es un organismo, los organismos son los enemigos del cuerpo", donde se nos representa una dimensión física que se proyecta más allá.
El Estado mientras tanto, trabaja para restituir un vínculo económico -no verdadero -que asegure la economía de subsistencia, que asegure el éxito estratégico-político del que hablábamos. Por esa razón defiende a ultranza la familia como institución.
La relación humana significa que una parte de nuestro ser está en el otro. Lo que construye hoy otro tipo de vínculo social (nada estratégico) es la participación trágica del destino común. ¿Pero qué sucede con participaciones colectivas más amplias?
Nuestra sociedad está constituida por seres que establecen lazos en función del riesgo que conlleve. Esto es, construimos lazos siempre que esté garantizado que no existe riesgo, siempre que tengamos la posibilidad de retirarnos. La situación actual en occidente, en una sociedad difuminada sin lazos fuertes, -en el sentido de auténticos -es la siguiente: TODOS nos hemos dado de baja por adelantado. Siempre y en cualquier lugar se escucha el mismo murmullo, el mismo ruego: "la baja anticipada, por favor". Nos convertimos, poco a poco en auténticas "mónadas leibnizianas".
¿Cómo es posible aceptar culturalmente y legitimar esta esquizofrenia, concediendo que en nuestra sociedad están claramente delimitadas las fronteras entre razón y locura? ¿Cómo, si precisamente en esta distinción se fundamenta. |
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MAL VENIDO
Al inmigrante llegado desde el estrecho
Mal venido, la indiferencia de la piel
para ti ha brotado,
agridulce bufón de nuestro tiempo;
conduces la vejez de la urbe
hasta tu nido, mal venido.
Una eterna promesa eres, como tus hijos.
Así, los pájaros de tus sueños
agitan sus alas imposibles,
ensangrentadas y amarillentas,
de tanto vuelo.
¿Qué podría preguntarte yo, mal venido?
Tú, que guardas en tus huesos de papel
todo el horror del castigo
y conservas la verdad de nuestra historia,
más que cien libros, más que mil,
más que cien millones de libros
así apilados, como tu cuerpo,
junto a otros mil,
para siempre en las vitrinas,
para siempre en los nichos, para siempre mal venido Diego Civilotti/ 2007 |
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El grupoaustral está compuesto por Dante Bertini, Horacio Elena, Fernado Molina, Jaime Rivera, Jorge Sarraute, Héctor Zampaglione y un servidor. Teníamos un referente común: el que establecía nuestra condición de exiliados o transterrados latinoamericanos insertados en la cultura española/europea. Cada uno de sus integrantes ya tenía en su haber una obra creativa personal en el campo de la pintura, la fotografía o la ilustración. Debíamos intentar producir una obra con una perspectiva amplia , sólida y generada por un proyecto común. No quisimos elaborar un discurso, un relato de intenciones. Lo que nos va de verdad es reunirnos y conversar de lo divino y lo humano con especial hincapié en el arte, alrededor de una buena mesa y mejor vino.
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